En Kairos tenemos presente que la juventud siempre ha sido parte importante de la historia. Si se quiere, el evento conocido como el Mayo del 68 francés fue el verdadero detonante para establecer al jóven como 


dinamizador transversal de las prácticas sociales capaz de decidir, afrontar y tomar decisiones. Aquel mayo de 1968, en la Universidad de Nanterre, a las afueras de París, el rectorado universitario negó la petición estudiantil de prolongar el horario nocturno de la Residencia de Estudiantes y de suprimir en ella la separación de sexos.

El suceso detonó un movimiento social que se extendió por toda la ciudad parisina, ocupando en un primer momento la Universidad de la Sorbona, donde se quedarían por cincuenta días.

Luego de ocupar el Barrio Latino y el Odeón, se daría lo que se conoce como Viernes Negro, donde las fuerzas policiales arremetieron las barricadas de los estudiantes, generando así centenares de heridos pero también un mayor apoyo de parte de universitarios y obreros, quienes también se unieron a la huelga.

El 23 de mayo de 1968 el primer ministro Georges Pampidou pactó un aumento general de salarios del 38% mensual, vacaciones pagadas de 30 días, extensión de la seguridad social a todos los trabajadores y jubilación con el 100% del salario con el fin de reanudar actividades, el cual se haría efectivo el 7 de junio de ese año, dando fin a la revolución.

En Estados Unidos, la protesta fue más espiritual. La juventud hippie se agrupó para tomarse libertades que su ideología les brindaba, generando espacios donde gobernaba el amor, el pacifismo y las sustancias alucinógenas.

El invierno de 1967 en San Francisco, California, dio a luz al festival de concentración Hippie llamado Human Be-In. La frase “Sexo, Drogas y Rock n Roll” tomó sentido: sexo como respuesta a las rígidas normas, drogas como forma de autoconocimiento y Rock n Roll como banda sonora de una generación.

Influenciados por unos Beatles reformulados, quienes habían cambiado el pop por un rock más psicodélico, tomaron el tema “All you need is love” como forma de evangelizar su ideología.

Como rechazo a la Guerra de Vietnam y siendo aún hijos de la Posguerra, los jóvenes comenzaron a peregrinar hacia San Francisco y a instalarse en el barrio de Haight-Ashbury, un suburbio de la ciudad.

El verano de ese año nacieron los festivales al aire libre como se conocen hoy: Jimmi Hendrix, Janis Joplin y The Who, entre otros, se presentaron en los primeros de ellos, como el Fantasy Fair and Magic Mountain Music Festival o el Monterrey Pop.

La cifra de jóvenes sobrepasó los 100.000 y con ello se abrieron nuevas formas de mercado, emisoras, grupos de teatro, foros y diversas actividades culturales.

Claro, sólo fue un verano, y tras la llegada de septiembre la mayoría de personas volvieron a su lugar de origen y a sus deberes universitarios. El Verano del Amor dejó un rastro de drogadicción, mendicidad y violencia en aquel barrio, pero la mayoría de valores promovidos en ésta época perdurarían en los años venideros.

Así pues, cambios en la sociedad como la manera de vivir la sexualidad, de experimentar con el cuerpo y ser libres espiritual y físicamente fueron consecuencias de una coyuntura histórica que involucró al joven como detonante de decisiones que la sociedad necesitaba tomar.

Dentro de Kairos tenemos la certeza que la participación de la juventud en las decisiones trascendentales de la civilización no es algo que se dió en un momento determinado de la historia, sino algo que se repite y que es vital para el cambio permanente en las dinámicas sociales y en la formación de la cultura.

Nosotros, como jóvenes, cada día aportamos para lograr una transformación de nuestro entorno con nuestras acciones, pensamientos y estilos. El reto es apropiarnos de éste concepto para trascender en la historia y ser un punto de referencia para las generaciones venideras.

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